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jueves, 26 de enero de 2023

Nuestras esposas bajo el mar

Julia Armfield parece haberse preguntado: ¿Cómo se mantiene la conexión entre el interior y el exterior? ¿Entre las profundidades y las superficies? Entre la Tierra y el mar, pero también en una pareja. En Nuestras esposas bajo el mar se transitan algunas intenciones para desanudar las tramas de estas preguntas. 

La novela narra la vida de una pareja de mujeres: Leah, una bióloga marina; Miri, con trabajo remoto respondiendo mails desde la casa que comparten.

Es una historia hecha con la espesura de los silencios, compartidos, pero también a solas: una esperando a la otra; siempre por llegar la otra. Pero esa profundidad en la angustia y la desesperación de quien espera se deja mostrar sólo en degradé. Como las distintas capas del océano van mermando en luz a medida que aumentan en profundidad, la respiración de las protagonistas se va cerrando. Lo que se abre es la incertidumbre…


lunes, 23 de enero de 2023

Una historia de la literatura en clave ficcional



“Ambos, una noche de fuego, murieron de su vida anterior y nacieron tal como son ahora”. Así comienza “Junil en tierra de bárbaros”, divertidísima y muy original novela de Joan-Lluís Lluís, traducida por Edgardo Dobry del catalán. Desde el principio del relato se nos alerta del difícil vínculo que sostienen padre (al que no se da un nombre) e hija (Junil) desde la muerte de la madre. El contexto es la frontera entre un Imperio (el romano) y todo el resto, es decir, todo lo que se dio en llamar “pueblos bárbaros”.

La novela es una invitación a presenciar el crecimiento de esta niña de 8 años en un espacio inhóspito: a pesar de vivir en su aldea, con su padre, éste la esclaviza.


Pero Junil no sólo crece, sino que también progresa. Desde su analfabetismo inicial hasta su amor por la poesía, el relato de Lluís Lluís nos va contando a través de la protagonista, una posible “historia de la lectura” o, más ampliamente, una “historia de la literatura” en clave ficcional. Y ese camino hacia el aprendizaje de la lectura es también para Junil, el camino hacia su propia libertad.


La novela es un gran homenaje a las letras, especialmente a la poesía del período clásico. El esclavo de su padre es quien le enseñará a Junil a leer, comenzando por Homero, Lucrecio y Esquilo, hasta que un día le presenta a Ovidio. Pero ella no entiende. “¿Un autor vivo? ¿Existen autores vivos a los que valga la pena leer?” Junil pronto descubre que la literatura no es sólo “un legado del tiempo pasado, de cuando los hombres eran sabios, hablaban poco y escuchaban mucho”. Es así como a los quince años, nuestra protagonista lee El arte de amar, gracias a la ayuda de un esclavo, y se enamora de Ovidio. Pronto pasará por esa sensación por la que todxs lxs lectores alguna vez pasamos al descubrir a unx autorx que nos fascina: la de ser concientes de que nos restan muchas de sus obras por leer.


Todo muy feliz, hasta que el Imperio devela su poca capacidad para el disenso. El emperador Augusto condena a Ovidio al exilio y todos sus libros son prohibidos. Algo de lo que la historia de la literatura ha dejado incontables pruebas: el peligro y la valentía que el oficio de escribir implicaba en otras épocas. Junil llorará: ya no podrá acceder más a los libros de su autor preferido. Pero a este revés se le enfrentarán estrategias para eludir esa censura: cambios de autoría, libros escondidos, serán algunos de esos vericuetos. Pero también tendrán lugar otro tipo de obras apócrifas, ya no obligadas sino hechas a sabiendas: los plagios. 


El día que un muchacho (Teulí Gaiaté) de una respetada familia patricia se acerca a Junil con pretensión de cortejarla, la vida de la chica volverá a complicarse. La insistencia aumenta con cada rechazo de Junil, hasta que el chico le dice que la obligará a través de sus padres, a casarse. Ella escapa, pero no lo hará sola. A partir de allí, se inicia un periplo que durará por el resto de la novela: Junil, junto al esclavo Tresdedos, al bibliotecario Lafás y al ex gladiador Dirminio, serán los fugitivos del Imperio, la posible carne de cañon de los bárbaros y la inexperiencia en el desierto salvaje. En el camino encontrarán a otros pueblos, campesinos, esclavos, quienes se les irán sumando. 

La religiosidad aparece fielmente retratada: de acuerdo a las creencias de la época. ¿Cómo habrán nacido los primeros ritos de sacrificios hacia los dioses que, según dicen, fueron los orígenes de lo que hoy conocemos como teatro moderno? ¿Cómo era la relación entre voluntad divina y acción humana en la interioridad psicológica de un ciudadano romano de entonces? En determinado momento del viaje, cuando alguien se pregunta sobre la posibilidad de que algún Dios baje a la Tierra para observar sus actos, el temor se apodera de todos. 


En el largo periplo de Junil y sus acompañantes, la “experiencia antropológica” que surge de ese encuentro entre tribus o pueblos bien diferentes, es una especie de escenificación literaria ficcional que imagina cómo habrá sido la fusión entre diferentes aldeas y su unificación en pueblos más grandes. Emerge en ella, siempre sostenida por el humor y la ironía del relato, la figura del traductor, central tanto para la práctica antropológica como también para la literaria: ¿cómo se las habrán arreglado, esos primeros hombres y mujeres, entre algunxs de lxs cuales seguramente habría más diferencias que similitudes, más temores que certezas, para comunicarse? ¿habrán sido realmente violentos todos los pueblos bárbaros, comunmente entendidos como incivilizados porque los únicos registros escritos que de ellos nos llegaron son los del imperio? ¿qué posibilidades hubo para la emergencia de lo comunitario? ¿Cómo fueron las primeras reuniones entre hombres y mujeres alrededor de una historia que se contaba? ¿Cómo habrá surgido la idea de que eso que se contaba podía representarse en pequeños caracteres, distinguibles entre sí, sobre una piedra o un cuero de vaca, para que fuese comunicado a seres de otros tiempos y espacios? Preguntas que nos ha dejado la Historia (con “hache” mayúscula) y que encuentran respuesta (u otras preguntas) en una historia (con “hache” minúscula) memorable de la literatura catalana. Porque al fin y al cabo esa es la tarea del poeta: imaginar historias y combinarlas de buen modo con la Historia.



viernes, 5 de febrero de 2021

Amada Escritura


En “Amado Señor”, la nueva novela de Katchadjian publicada por la editorial Blatt&Ríos, un hombre le escribe un epistolario a una especie de divinidad o trascendencia.



Por Leonardo Miraglia*

lpmiraglia@gmail.com


Es difícil definir la prosa de Pablo Katchadjian (Buenos Aires, 1977), pero podemos decir que su estilo se percibe en los registros del absurdo; su lenguaje, llano y directo, utiliza el léxico más habitual del castellano rioplatense. Las historias que crea podrían entenderse como la sucesión de situaciones disparatadas, por contradictorias o exageradas, que no arman una trama cerrada o calculada, sino más bien una abierta a lo inesperado. Muchas veces las peripecias que viven los personajes sirven para entender otra cosa: cómo piensa o vive la escritura este autor. Amado Señor no sólo confirma eso, sino que va más allá: aquí no hay personajes, o hay uno sólo que a su vez es también narrador. Y lo que escribe le sirve para entender su propio relato.


Los personajes de Katchadjian son como marionetas que bajan desde las manos del titiritero, y que sin aparentes vínculos de referencialidad logran causar identificación en el lector. ¿Por qué? Porque si hay algo que no les falta es humanidad. Están hechos de mundo, sí, pero de uno absurdo, enrarecido, indefinido. Son históricos, pero al mismo tiempo difíciles de anclar: una bruja, un mendigo, un sacerdote, un profesor, un feriante: nadie en particular. Eso se ve en sus anteriores novelas (Gracias, Qué hacer, En cualquier lado) y vuelve a suceder en ésta. Por ejemplo, el narrador (deberíamos decir también el personaje) le cuenta al Señor sobre sus antepasados gitanos y eso lo hace  pensar en su identidad. Sin embargo, él no sabe quien es, y eso no parece constituirse en un problema existencial: “me atraen los gitanos de una manera insensata, quizá porque sé que algunos de ellos son mis antepasados. Saber esto no hace que me identifique con los gitanos, porque no sé qué soy ni quién soy”. El que cuenta se escapa de su propio corset. No está anclado en un espacio-tiempo. Puede ser un sacerdote del siglo XVII o un cura del siglo XX. Puede ser un religioso, pero también un escritor, o un demente. Nos resuena por aquí El innombrable, de Samuel Beckett. Si la identidad es lo primero que nos moldea al nacer, hay sentido cuando Katchadjian dice: “me interesa escapar de los géneros”.


En Amado Señor la escritura le sirve al narrador-personaje para entender por qué está escribiendo. Así, en la primera carta se va a preguntar si tiene algún sentido explicar lo que está haciendo, ya que él mismo no sabe por qué le ha empezado a hablar (escribir). Pero inmediatamente anota que: “sí sé qué es lo que estoy haciendo: es tan evidente que pensar en explicarlo me hace sentir un tonto”. ¿Lo sabe o no lo sabe? Las dos cosas. Lo sabe, pero como “de fondo”, sin necesidad de que esa conciencia sobre lo que está haciendo sea algo en primer plano, como la explicación hace con los hechos o con las cosas. Ese momento de confusión es brillo para el narrador (y para el autor): “Pero para mí eso no es un temor: adoro el momento en que vos te vas expandiendo y todo se vuelve otra cosa y nada es claro y todo es revelador de no se sabe qué”. Como la vivencia de una epifanía, que pierde su potencia si es explicada, la escritura de Katchadjian busca que esa confusión, ese sinsentido, crezcan y orienten lo que va pasando hacia otro lado: “Y así logro que estas cosas que te digo, que no son nada, vuelvan a mí trastocadas por tu oído, por las vueltas que mis cosas dieron dentro del laberinto de tu oído, y así lo que era nada, de repente es algo”. Suerte de magia o brujería, es hacer aparecer cosas que antes no estaban. Es escribir para encontrar algo nuevo.


Luego de las primeras cartas, el narrador comienza a preguntarse por el origen de ese vínculo. Es decir, por la primera vez que se comunicó con su Señor. ¿Fue una caída desde un quinto piso? ¿un rayo que le cayó en la cabeza? ¿el encuentro íntimo con una bruja? Algunas de estas anécdotas e historias que cuenta podrían ser causa de ese primer encuentro. Pero nunca nos confirma nada, porque ni siquiera él lo sabe.


Quizá una de las ideas centrales que recorre las cartas de esta novela es la de que las cosas tienen una ambigüedad tal que generan una tensión que lleva a una especie de síntesis, que es a su vez un estado nuevo. ¿Una metáfora de lo que la escitura es para el autor? Al Amado Señor se lo puede pensar como a la escritura misma. Por eso, cuando cuenta que un hombre lo raptó de niño, dice: “¿me habrá hablado el hombre como yo te hablo a vos todas estas cosas?”, igualando así la inocencia o creatividad de un chico con la del proceso de escritura, y a todo eso con la de idea de Dios. Un Dios que se busca no para convertirnos en inmortales sino para volver transformados luego de ese contacto. Una mezcla imperfecta de lo que éramos con lo que resultó de ese encuentro. Un estado de gracia. El movimiento es dialéctico y se puede pensar tanto en el vínculo entre un creyente y una divinidad como entre el escritor y su creatividad, o como el que tienen dos amantes. Lo interesante de esta novela, y de la propuesta de Katchadjian en general, es que nunca hace un cierre total hacia alguno de estos sentidos. Sí nos muestra un abanico de posibilidades. El Señor puede ser muchas cosas: “no sos un señor cuando sos Señor, ni tampoco serías una señora si fueras Señora, porque hay una única manera sin diferencias: no sos él ni ella, sos otra cosa sin sexo o con todos los sexos. Amada Bola, Amado Origen, Amada Nube: todo da lo mismo”. 


La libertad late de fondo en muchas de las obras de este autor (La libertad total, Qué hacer, Gracias). En esta novela, quizá, el espacio de la libertad sea el de hablar sin un contenido: “no hay contenido, porque lo que digo va apareciendo, y el contenido es algo que está de antes y se pone en un lugar para que lo contenga, algo ya conocido, no algo que se va descubriendo”. El narrador le habla al Dios de la inspiración con la máxima libertad posible (sin un sentido) para que aquel transforme ese caos en algo concreto o, al menos, en algo: “y así logro que las cosas que te digo, que son nada, vuelvan a mí trastocadas por tu oído”. La libertad como una mediación, como un pasaje a otro estado. Quizá la única forma de libertad palpable. Pero para elaborar una mediación conceptual, tiene que aparecer un agente que pueda operar esa mediación: ¿un monje?, ¿un profesor?, ¿un brujo? ¿un loco? El narrador comienza a sentir que le habla al Señor para transformarse él mismo en otra cosa, en otro. Si quiere “tensarse” en el Señor y pasar a otro estado, entonces no debe fundirse en él. Anota: “si me entregara completamente, creo que me dejarías hablando solo y siempre lo mismo (...) y nadie me entendería”. Allí es que llega a esta conclusión: “yo solo puedo hablar con vos si vos sabés que vengo de no hablar con vos y que voy hacia no hablar con vos”. Es el mediador entre la creación y la vida terrenal, entre la inspiración y el estado normal.


Por fin, el narrador se pregunta si hay un tema en el que se pueda enmarcar su diálogo (como lectores nos preguntamos lo mismo: “¿de qué tema trata esta novela?”). Y, nuevamente, el propio ejercicio de la escritura le dará la respuesta. Escribiendo se da cuenta de que no hay tema para lo que está escribiendo. Aunque enseguida se da cuenta que en realidad sí lo hay, pero no en el sentido convencional. Anota: “el tema es que hablo con vos, pero eso no es un tema: es una forma de conversar. El tema, entonces, ¿es la forma de conversar?”. Encuentra el tema pero no le convence. Intenta salir de ahí. Escapar. ¿Cómo? Empieza a conversar de otra forma: le cuenta historias que intuye que aburren a su interlocutor, pero que mediarán ese “pasaje” hacia otro estado. Estos relatos le sirven para seguir pensando su vínculo con el Señor que es, en definitiva, la relación entre un escritor y su obra de arte. Son historias dentro de las cartas, que sólo cumplen la función de explicar la complejidad de esa unión: “no quiero ser vos ni quiero ser yo ni estar siempre con vos: quiero ser el que te habla y no te habla, el que está en tensión entre irse y volver”.


Como dijo su autor, en Amado Señor laten de fondo Carta al padre, de Kafka y Confesiones, de San Agustín. No pudimos leerlo sin sentir también, en algunos fragmentos, al Beckett de El innombrable. Pero principalmente, a todos los otros Katchadjianes.



*Lic. y profesor en Comunicación Social. Librero en El Divague Libros.

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Ig: @eldivaguelibros

mail: eldivaguelibros@gmail.com






lunes, 21 de diciembre de 2020

"Un beso de Dick", ternura de los chicos colombianos

Con una frescura que por momentos hace recordar al escritor peruano Martín Adan, esta novela nos introduce en la relación amistosa-amorosa entre Leonardo y Fernando, dos compañeros de escuela que van descubriendo su querer con la excusa de sus aventuras, en especial las del equipo de fútbol que comparten.

Con un registro cercano al diario íntimo, Molano Vargas no se reduce a eso sino que crea unos maravillosos diálogos, llenos de humor espontáneo, ternura y giros idiomáticos típicos de la Bogotá de los '80. Ahí podemos ver a los amores y los miedos en el estado más puro: el de la temprana adolescencia. También las primeras exploraciones sexuales desde una perspectiva no estereotipada, propia de los chicos, pero no exenta de tensiones que van llevando a los personajes a autoconocerse. 

La escuela, los profesores aburridos y los amados, la música en la casa de los amigos, las fiestas que terminan bien, y las que no tanto, todo eso forma parte de la historia de Fernando y Leonardo.

domingo, 7 de julio de 2019

Los electrocutados, de J. P. Zooey

"Los electrocutados" es una novela que junta varias ideas provenientes de distintos campos del conocimiento humano, vinculadas a hechos sucedidos en la historia real. La creación de Zooey está en la combinación de dichos elementos, y no en su invención para el relato.
La organización del texto está distribuida en tres grandes formatos: 

1) las cartas de Dizzy Mucho, el protagonista principal y su extraña hermana, Oidas; 

2) las "fichas de cátedra" de la asignatura que Dizzy dicta en una Universidad; y 

3) los cuentos de un concurso donde fue jurado. En uno de estos cuentos se relata una anécdota en relación al tema principal del que tratará la novela: que los ambientes electrizados (conectados) del planeta Tierra están desintegrando la vida individual.

En las "fichas de cátedra" se reproducen las biografías de tres personajes reales de la historia: 
1) Jlevnikov; 
2) William Burroughs; y 
3) el neurólogo Oskar Vogt, 

además de otros dos aparentemente ficticios: 
1) Charles Nazer y 

2) Kilgore Trout (personaje de varias novelas de Kurt Vonnegut.

Desde el primer personaje -Jlevnikov, poeta ruso futurista y místico- el narrador comienza a desarrollar su punto de vista sobre el lenguaje humano. Lo hace contando las investigaciones de este naturalista en base al origen de los primeros pájaros. La idea que sostiene es que no habría diferencias entre el lenguaje humano y el piar de los pájaros (arbitrariedad del signo lingüístico -y del piar- con respecto a aquello que designa mediante). Por ende, los pájaros -sin alas en determinado momento histórico- desarrollaron manos y evolucionaron a hombre.

Con el segundo personaje -Burroughs- continúa la idea negativa del lenguaje humano como sistema de comunicación. Zooey trae a colación la teoría de la palabra escrita como virus que -el verdadero- Burroughs desarrolla en su ensayo "La revolución electrónica": este virus habría mutado el cuerpo de los primeros monos hasta lograr instalarse en su garganta, hecho que produjo su incubación y su actual "no reconocimiento" como virus. Zooey cambia monos por gatos. Los primeros "Vahne" (especies de protogatos) ivían sin tapa craneal, lo que hacía que habitaran el planeta en actitud de "percepción exclamativa" (sin filtros en el acceso a los fenómenos de la realidad). Luego, a través de la inoculación del virus, se desarrolla lo que se llama "revolución biointerrogante", donde aparecen los primeros pensamientos en el hombre: la pregunta por la autenticidad, la identidad y la verdad.  

Mientras se suceden esta suerte de biografías, se van mechando las cartas de Dizzy a su hermana, en las que pasa revista a su cúmulo de investigaciones. Lo que Dizzy averiguaba era una posible "frase del sistema solar" que debían pronunciar "todos los astros menos la Tierra". También aquí aparecen referencias al personaje J. P. Zooey, el vecino con quien Dizzy se cruza en los pasillos de su edificio y quien le habla de una entidad llamada "El Hoyo", un espacio aislado del sistema eléctrico mundial que une  donde ambos buscan viajar... (¿continuará?)


lunes, 29 de octubre de 2018

COSMOS, DE WITOLD GOMBROWICZ

Cosmos: "la palabra griega que designaba al universo, opuesta al caos"

El rebote Como lo hiciera en Trans-atlántico con la escena del juego de pelota-paleta entre los personajes de El Puto y Horacio, aparece en esta obra un momento de divagación del personaje principal, en donde nos dice que sus pensamientos provocaron "una desagradable partida de tenis, pues el gorrión me arrojaba a las bocas y las bocas al gorrión". Como en muchos pasajes de su obra, Gombrowicz tiene reminiscencias de un pensamiento dialéctico.
Esta lógica "de rebote" entre pensamientos se traslada a los objetos, y será lo que guiará toda la novela (específicamente su trama) "hacia adelante". Vale decir que la secuencia de "objetos colgados" que Witold y Fuks van descubriendo -una aguja clavada en la mesa, una puntilla clavada en la cáscara de un limón, una lima de uñas clavada en una cajita, un alfiler clavado en un cartón, un clavo clavado en la pared, cerca del piso- repercutirá en varias de las acciones posteriores en el relato -en esto, el asesinato del gato es el ejemplo paradigmatico. Esto se puede apreciar en el siguiente fragmento: "En esas cosas y lugares se ocultaba el camino, en la combinación de esas cosas y lugares se ocultaba el camino que me había conducido al crimen, si hubiera podido interpretar correctamente ese conjunto de cosas y lugares me habría enterado quizá de los verdaderos motivos de mi crimen" (pág. 97),

o en éste:

"como si el gato me hubiese llevado del anverso al reverso de la medalla, hacia el círculo donde se producían los misterio, hacia el mundo de los jeroglíficos" (pág. 82).

Lenguaje audiovisual Las primeras hojas de "Cosmos" cuentan con un estilo que encuentro cercano a las descripciones de planos de films. Oraciones unimembres o carentes de artículos, tales como: "Sudor. Fuks avanza. Yo tras él" crean una atmósfera visual y de "relato puro".
Etcétera, etcétera. Este recurso parece utilizarlo cuando se da cuenta que se está explayando demasiado en la descripción, que está perdiendo el eje de lo que es realmente importante para el relato. "Pese a todo, a mí me parecía que ella podía haberlo ahorcado; si enfurecida había dado aquellos martillazos podía con esa misma furia haber matado al gato... Aquello era totalmente factible, sobre todo si se tomaban en cuenta sus cortas extremidades, sus gruesas muñecas, su pequeño torso, amplio y abundante en bondades maternales... Sí, ella podía haber sido. Todo junto, su torso, sus extremidades, etcétera, podía haber ahorcado al gato" (pp. 89-90).

Para esta reseña de Cosmos, de Witold Gombrowicz, se tomó en cuenta la edición de El cuenco de plata del año 2015.


sábado, 28 de julio de 2018

El método Beckett

Beckett, en "El innombrable", hace un experimento filosófico curioso que consiste en preguntarse: ¿cómo contar lo que un hombre es (o hubiera sido) antes de cruzar ese "umbral" que es el lenguaje? Y para llevarlo a cabo elige una metodología particular también, ya que la novela está completamente compuesta por un único soliloquio.  Y esta contradicción, a saber: la de alguien que no puede dejar de hablar pero que al mismo tiempo no puede "decir quién es", es el punto de partida de la novela, y su razón de ser.
Las preguntas son, entonces: "¿quién soy yo?, ¿quién es, yo?, ¿soy yo, yo mismo, o soy una mezcla de mis congéneres? ¿Y cómo hacer para decirlo, para contarlo?" Esta identidad incierta cruza al protagonista a lo largo de todo el texto, incluso contaminando su noción espacio-temporal. "¿Estoy quieto, yo? ¿Veo a otros pasar, o quien pasa soy yo? ¿Alrededor de qué? Y al fin, un hombre, ¿qué es: una isla, un continente o el universo?


martes, 15 de mayo de 2018

"En cualquier lado", de Pablo Katchadjian

Como un magma de imágenes oníricas, este libro de Pablo Katchadjian no sigue un argumento pero sí una idea definida y no se lo puede dejar de leer hasta el final. La sucesión de hechos insólitos, absurdos, risueños, hilarantes no tiene desperdicio y se convierte en el objetivo de la novela. Diodora, una de las protagonistas, busca la pócima perfecta que la haga invulnerable a cualquier veneno. Gato, otro, se convierte en ídolo de fútbol, pero luego en lider de un ejército de mercenarios que busca liberar un pueblo sitiado por un rey ilegal. La lógica del libro es lo ilógico del relato de los sueños. La aparición y desaparición permanente de los personajes, de los espacios que éstos habitan y de algo más, raro, pero sumamente interesante. Lo verosímil, lo esperable, en el vínculo que construyen los personajes, se dinamita a cada momento.

En cualquier lado, de Pablo Katchadjian, ed. Blatt & Ríos

sábado, 28 de abril de 2018

"La escuela neolacaniana de Buenos Aires"

Lo primero que llama la atención cuando uno se topa con una novela de Strafacce (“Frío de Rusia”) es el tono en que está escrita y, también, el tono que manejan los personajes. Es como leer algo que es delirante y exagerado al mismo tiempo y todo el tiempo. En “La escuela neolacaniana…” ese recurso aparece cuando los protagonistas, una logia de psicoanalistas, se reúnen en una suerte de asamblea en la cual comparten las técnicas que utilizan para “adiestrar” a sus pacientes. En ese momento, una especie de competencia espontanea se libra entre los colegas, para introducir, en cada una de sus disertaciones, una palabra en “bastardillas”. Strafacce (abogado), maneja la retórica de la ficción de esta manera tan especial que le otorga a sus historias elementos del registro oral. Y esto invita a leer sus novelas de un tirón.
En cuanto a lo temático, como anticipamos en el párrafo anterior, “La escuela neolacaniana…” nos habla de un grupo de psicólogos que desarrolla técnicas de “verdegueo” a sus pacientes con el supuesto objetivo de que puedan vencer su cobardía moral y llevar a cabo su deseo. Pero en una novela absurda y delirante como es ésta, todo termina desviándose de su primer objetivo cuando psicólogos y pacientes se encuentran en casa del líder de la particular logia. Es ahí cuando aparecen otros elementos comunes a los relatos de Strafacce, como el sadismo y el crimen, pero siempre en el tono especial que mencionábamos más arriba.
Sin querer anticipar más, y por todo esto, creemos que esta novelita puede sorprender. Pero darle una oportunidad y que eso suceda, depende de los lectores.
La escuela neolacaniana de Buenos Aires, de Ricardo Strafacce (Blatt&Ríos)




martes, 16 de mayo de 2017

Corazón de perro

Corazón de perro es resultado de la fantasía del hombre en relación a su vínculo con los animales. Shárikov, el perro al que un médico rico y su asistente insertan la hipófisis de un bolchevique recientemente fallecido, adquiere toda la fisonomía y las actitudes de aquel. Esto, sazonado con un consorcio de propietarios que le sovietiza el edificio al médico para defender al maltrecho perrhombre, da como resultado una desopilante aunque por momentos oscura historia. 



miércoles, 28 de diciembre de 2016

Cómo desaparecer en tu propia casa

En Las mascotas, Emil, un hombre que vuelve de viaje a su ciudad, busca eludir a un viejo amigo que ha vuelto para causarle problemas. Para hacerlo, se esconde debajo de su propia cama en el momento en que el otro decide colarse por la ventana de su comedor. Con el correr de las horas y Emil "sin aparecer", varios de sus amigos y conocidos terminan en un encuentro casual en su propia casa, fumando, bebiendo, escuchando música. En el frío bajo cero de Reykjávik, el prodigio del azar ronda esta novela de principio a fin, ilustrada por la construcción minuciosa de los personajes. La novela invita a la lectura fugaz y es un descubrimiento de la cultura islanda de principios de siglo.

El autor, Bragi Ólaffson fue el bajista de Sugarcubes desde 1986 hasta la disolución de la banda (que llevó a la fama mundial a Björk). Ha escrito un extenso poemario, además de obras de teatro. Las mascotas es su primera novela traducida
al castellano. 

martes, 1 de noviembre de 2016

Kafkiano

¿La imaginación de Kafka no tenía límites? ¿O la potencia de sus novelas hace que la posibilidad de leerlas en retrospectiva o hacia el futuro sea demasiado grande?

¿Hitler leyó a Kafka y pus en marcha toda la imaginación técnica que el autor plasmó en sus relatos? ¿En la novela En la colonia penitenciaria, el oficial es Hitler después de la caída de su imperio? ¿El condenado son todos los pueblos minoritarios e inmigrados a la Alemania nazi? Porque "lo único que no está en duda, es la culpa", "que todos somos culpables".

Relatos completos, La carta al padre y El proceso




jueves, 1 de enero de 2015

Yo era una mujer casada

Lo que me sorprendió fue que era la primera vez que mi marido me regalaba algo. Entonces abrí la bolsa, que estaba cerrada con un cordón. Él había retrocedido un paso y me observaba. Miré adentro. Tardé en ver o en entender. La "reacción retardada" era connatural al caso, hecho a medida para la incredulidad. En el fondo de la bolsa estaban las cabezas seccionadas de mi padre y de mi madre. Aún cuando las dos cabezas no me daban exactamente la cara, amontonadas sin orden como estaban unas sobre otras, los reconocí de inmediato, no sólo porque habían estado en mi pensamiento todo el día, sino porque eran inconfundiblemente ellos, con sus canas, sus arrugas, sus viejos rostros fatigados por una larga vida de trabajo y privaciones. El corte en el cuello era bastante limpio, pero no tanto porque nunca puede serlo del todo: acá asomaba, blanco y como prehistórico, un pedazo de tráquea, allá colgaban unas arterias como flecos. Los ojos de ambos estaban abiertos: me pregunté, absurdamente en medio del shock, si correspondía que yo se los cerrara, como deber filial... Por un curioso concurso de circunstancias biográficas, a pesar de mi edad yo nunca había visto un muerto. Qué ocasión para una primera vez!


Yo era una mujer casada, César Aira, Ed. Blatt&Ríos