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sábado, 28 de abril de 2018

"La escuela neolacaniana de Buenos Aires"

Lo primero que llama la atención cuando uno se topa con una novela de Strafacce (“Frío de Rusia”) es el tono en que está escrita y, también, el tono que manejan los personajes. Es como leer algo que es delirante y exagerado al mismo tiempo y todo el tiempo. En “La escuela neolacaniana…” ese recurso aparece cuando los protagonistas, una logia de psicoanalistas, se reúnen en una suerte de asamblea en la cual comparten las técnicas que utilizan para “adiestrar” a sus pacientes. En ese momento, una especie de competencia espontanea se libra entre los colegas, para introducir, en cada una de sus disertaciones, una palabra en “bastardillas”. Strafacce (abogado), maneja la retórica de la ficción de esta manera tan especial que le otorga a sus historias elementos del registro oral. Y esto invita a leer sus novelas de un tirón.
En cuanto a lo temático, como anticipamos en el párrafo anterior, “La escuela neolacaniana…” nos habla de un grupo de psicólogos que desarrolla técnicas de “verdegueo” a sus pacientes con el supuesto objetivo de que puedan vencer su cobardía moral y llevar a cabo su deseo. Pero en una novela absurda y delirante como es ésta, todo termina desviándose de su primer objetivo cuando psicólogos y pacientes se encuentran en casa del líder de la particular logia. Es ahí cuando aparecen otros elementos comunes a los relatos de Strafacce, como el sadismo y el crimen, pero siempre en el tono especial que mencionábamos más arriba.
Sin querer anticipar más, y por todo esto, creemos que esta novelita puede sorprender. Pero darle una oportunidad y que eso suceda, depende de los lectores.
La escuela neolacaniana de Buenos Aires, de Ricardo Strafacce (Blatt&Ríos)




viernes, 12 de diciembre de 2014

Costumbres sexuales de nuestros gobernantes

"-Mire, hay un cuadro famoso, que lo debe haber visto todo el mundo, usted inclusive-, dijo Hardoy.
- ¿Un cuadro de Belgrano?- dijo el mozo.
- Exactamente. Un cuadro de Belgrano. Acuérdese: está sentado en una especie de taburete, aunque, le confieso, ya me dan ganas de decirle que en realidad está sentado en un poste...
- ¿En un poste?- se intrigó el mozo.
- Deje-, dijo Hardoy luego de un eructo largo-, quedémonos con lo del taburete. ¿Recuerda cómo está sentado Belgrano?
- Más o menos-, dijo el mozo-. Tengo poca memoria visual. ¿Cómo dice que está sentado?
- Como una niña- dijo Hardoy.
- ¿Por qué como una niña? -dijo entonces el mozo.
- Por la manera de cruzar las piernas-, dijo Hardoy después de beber los primeros tragos de la segunda botella-. Porque tiene las manos entrelazadas sobre el regazo. Porque mira con cara de ternero degollado a un punto que está fuera de plano pero que me juego es el zaguán por donde en cualquier momento va a aparecer el criadito mulato para avisarle que ya llegó su hombre..."

Frío de Rusia, Ricardo Strafacce, Ed. Blatt&Ríos, 2010